miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sancho Pisa Honduras


“Es que Sancho es lo mejor en publicidad en Colombia”.

Esta frase dio apertura a la reunión que sosteníamos mi gran amiga Nubia Martínez y yo, con la Ministra de Turismo en Honduras. Lo que no sabíamos es que esta frase iba a marcar mi viaje de una forma tan contundente.

Presentábamos a la honorable Ministra, la campaña que habíamos hecho para provocar al mundo de nuestro país, “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”.

La estirada ministra, miraba asombrada la presentación y seguía profundamente cada palabra que Nubia le contaba.

De nuevo, Nubia con otra frase. “es que les repito, todo esto lo hizo Sancho”.

Y otra. “Ustedes no se imaginan lo que Sancho puede lograr por un país”.

Mientras cada frase de estas salía de su discurso, yo, que estaba sentado en la punta de la mesa, sudaba y sonreía.

Claro, todos me miraban.

“Es que Sancho.. Sancho es Sancho”, volvía y repetía. Y de nuevo, me miraban.

Así pasamos toda la mañana, Sancho pa aquí, Sancho pa allá.

Entrada la noche, recibimos la llamada del ministerio. Si, nos invitaban a comer para acabar de hablar los detalles de siempre.

Afortunadamente esto ya era mas informal, estábamos en una especie de taberna hondureña; si existe el término,  donde comíamos una mezcla de cosas que en este momento no quiero recordar.

“Oye”, me decían. Primera e inconfundible muestra de que no estaban seguros de mi nombre.

Bajo esta informalidad, Nubia insistía. “El talento y la rapidez de Sancho es lo que marca el resultado”.  “Impresionante”, decían asombradas.

Seis o siete frases mas que elogiaban a Sancho y la comida terminó.

Al siguiente día fuimos invitados a almorzar, en una pequeña cabaña que habitaba al lado del mar. Yo, dándomelas de no se que, pedí un Bloody Mary.

Justamente aquí, antes de pedir un pollo como plato fuerte, oí que una de las niñas del ministerio me decía “Sancho, tu que quieres para comer?”. Mierda, oí bien? Me dijo Sancho?, sentí algo terrible. Miré a Nubia y supe que Nubia también lo había sentido, la sensación era indescriptible. Todo este tiempo pensaron que yo me llamaba Sancho? Me preguntaba a mi mismo. “Andrés”, le dije amablemente a la niña que me llamó Sancho. “Aquí pensábamos que te llamabas Sancho!!” empezó a gritar.

Durante 2 días, desde la ministra de Honduras hasta la practicante del ministerio, pensaron que yo me llamaba Sancho, y no solo esto, que yo era lo mejor en publicidad en Colombia, que yo era el maestro de maestros en comunicación y tal vez lo mas grave, que yo salvaba países.

Me pregunto, que pensarán hoy en día de mí?