“Es que
Sancho es lo mejor en publicidad en Colombia”.
Esta frase dio
apertura a la reunión que sosteníamos mi gran amiga Nubia Martínez y yo,
con la Ministra de Turismo en Honduras. Lo que no sabíamos es que esta
frase iba a marcar mi viaje de una forma tan contundente.
Presentábamos a la
honorable Ministra, la campaña que habíamos hecho para provocar al mundo
de nuestro país, “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”.
La estirada ministra,
miraba asombrada la presentación y seguía profundamente cada palabra
que Nubia le contaba.
De nuevo, Nubia con otra frase. “es que les
repito, todo esto lo hizo Sancho”.
Y otra. “Ustedes
no se imaginan lo que Sancho puede lograr por un país”.
Mientras cada frase
de estas salía de su discurso, yo, que estaba sentado en la punta de la
mesa, sudaba y sonreía.
Claro, todos me
miraban.
“Es que Sancho.. Sancho es Sancho”, volvía
y repetía. Y de nuevo, me miraban.
Así pasamos toda la
mañana, Sancho pa aquí, Sancho pa allá.
Entrada la noche,
recibimos la llamada del ministerio. Si, nos invitaban a comer para
acabar de hablar los detalles de siempre.
Afortunadamente esto
ya era mas informal, estábamos en una especie de taberna hondureña; si
existe el término, donde comíamos una mezcla de cosas que en este
momento no quiero recordar.
“Oye”, me
decían. Primera e inconfundible muestra de que no estaban seguros de mi
nombre.
Bajo esta informalidad, Nubia insistía. “El
talento y la rapidez de Sancho es lo que marca el resultado”.
“Impresionante”, decían asombradas.
Seis o siete frases
mas que elogiaban a Sancho y la comida terminó.
Al siguiente día
fuimos invitados a almorzar, en una pequeña cabaña que habitaba al lado
del mar. Yo, dándomelas de no se que, pedí un Bloody Mary.
Justamente aquí,
antes de pedir un pollo como plato fuerte, oí que una de las niñas del
ministerio me decía “Sancho, tu que quieres para comer?”. Mierda,
oí bien? Me dijo Sancho?, sentí algo terrible. Miré a Nubia y supe que
Nubia también lo había sentido, la sensación era indescriptible. Todo
este tiempo pensaron que yo me llamaba Sancho? Me preguntaba a mi mismo.
“Andrés”, le dije amablemente a la niña que me llamó Sancho. “Aquí
pensábamos que te llamabas Sancho!!” empezó a gritar.
Durante 2 días, desde
la ministra de Honduras hasta la practicante del ministerio, pensaron
que yo me llamaba Sancho, y no solo esto, que yo era lo mejor en
publicidad en Colombia, que yo era el maestro de maestros en
comunicación y tal vez lo mas grave, que yo salvaba países.