jueves, 18 de febrero de 2010

Morfina para un Pedo

En este país, la gente de plata parece tener mas privilegios. Triste realidad, pero una realidad. Los pobres, por otro lado, sin mayores pretensiones, llaman a los privilegios, lujos. Lujos que normalmente aparecen empacados debajo de un árbol de navidad.

Hoy, quisiera hablar de los privilegios, que como la misma palabra lo indica, son esos accesos exclusivos a todo tipo de culeras que a nadie le importan.

Un sábado, llegando la noche, se deslumbro ante mi, el mundo de los privilegios. Una mezcla estúpida y casi arrogante que habitaba en mi pequeño estomago, detono de un segundo a otro. Se estarán imaginando un pedo abominable, pero no. Mi estomago entro en shock, un dolor profundo que se iba hasta mi espalda, contribuyendo aun mas a lo que podríamos llamar, mi cuerpo ancestral.

4 alka seltzer, dos buscapinas y un te. Remedio que no falla, Falló.

El mítico dolor seguía agarrado a mi inocente estomago, que parecía no oponerse a su presencia.

Decidí entonces, camuflar el dolor en el sueño. Me acosté a dormir en mi colchón, el perfecto compañero de mi insoportable dolor de espalda.

Abrí mis ojos de nuevo, hacia las 4 de la mañana. El dolor se había esparcido a todo mi pecho, mi hígado y a una porción importante de mi trasero.

La AH1N1, parecía perder popularidad ante semejante dolor. 2 Alka-Seltzer más se sumergieron en mi panza irritada. El dolor persistió. Sentía que en pocos segundos perdería la conciencia, esa misma conciencia que me revela mi realidad día tras día.

Decidí entonces, levantar el teléfono y llamar a mi salvadora, esa que engendro este cuerpo de anciano camuflado en un joven pálido y raquítico, esa salvadora que Dios podría nombrar santa sin pensarlo dos veces. Esa salvadora a la que popularmente llaman, mi mama.

15 minutos mas tarde, en su BMW modelo 92, mi salvadora estaba llevándome a urgencias de la majestuosa clínica Santa Fé. Una de esas clínicas, que solo los privilegiados tenemos la tarjeta de entrada, una de esas clínicas a las que los no favorecidos, tendrían que ahorrar durante años para poder entrar.

Y aquí, es donde el mundo de los privilegios empieza a tomar fuerza. Por lo menos habitaban en unas sillas de plástico, unos 4 estómagos a punto de estallar, 5 o 10 piernas rotas, y unos 15 ancianos a punto de poner punto final a su moribunda vida.

2 horas pasaron, antes de ser llamado para ser atendido. Tal vez las 2 horas más largas de mi vida. El sol empezaba a salir, mientras mi dolor, parecía entrar.

“Andrés Carvajal” oí. Mi nombre retumbo en mi cabeza. Me levante y entré al que podría llamar el peor infierno que he vivido.

La enfermera, que debo aclarar, estaba muy bien presentada, me revelo mi primer privilegio. No había una cama disponible para mí. Pero gracias a haber pagado mi pre pagada durante años; tenia derecho a reposar mi insoportable dolor en una silla improvisada que habitaba en la mitad de Urgencias.

Creo haber contado unos 10 médicos disponibles para los enfermos. Aunque médicos, no es la palabra adecuado, llamémoslos practicantes de urgencias. Es una gran idea tener este tipo de principiantes para atender dolores complejos y de rápida reacción.

Uno de estos practicantes de acerco a mi, y me confirmo que efectivamente mi esófago estaba inflamado, según las muestras de sangre que había tomado. “A mi no me han sacado pruebas” le aclare. Se rió con cierta vergüenza, y me pregunto mi nombre de nuevo. “Andrés”, le dije. “Disculpe, pensé que era otro paciente” me contestó. La confusión de pacientes es otro privilegio del que afortunadamente podemos disfrutar.

Finalmente, fui trasladado a una camilla normal, junto a un señor de unos 60 años que era una verdadera ametralladora de gases. Con unos intervalos de 1 o 2 segundos, cada pedo que salía de mi vecino hacia que dormir se volviera una tarea imposible de lograr.

Mi dolor no desaparecía en los mas mínimo; por lo que los experimentados practicantes incrustaron en mi cuerpo, la droga mas preciada, el nirvana de los enfermos, la bendita e inigualable Morfina. Rápidamente se tomo mi cuerpo, haciendo el dolor parte armónica de mi sueño.

No sabría si minutos u horas mas tarde, desperté con una voz fuerte; mi practicante estaba mirándome fijamente. “Es necesario hacer varios exámenes, su dolor es muy extraño” me dijo. Me asuste, porque cuando dicen extraño en una clínica, normalmente significa que es el final de la historia. “Una ecografía para empezar”, sugirió el primíparo de la salud. Inmediatamente fui trasladado al examen, donde me engrasaron mi estomago, y exploraron este mundo desconocido. “Su estomago esta bien, es casi envidiable”, dijo la encargada de esparcir la grasa.

Poco a poco, el dolor volvía; se tornaba de nuevo insoportable. De vuelta en mi camilla, gritaba “Morfina por favor!”.

Así, pasaron las horas, pero el dolor persistía. Y así, llego la gran enemiga de todos los estresados, la de los amantes del picante, la temida; endoscopia.

“De medio lado Señor”, me pidieron los encargados de la exploración. Mis manos temblaban, no quería que esa manguera entrara en mí. La verdad, no se quien se habrá inventado los sedantes, pero a ese lo deberían exonerar. 10 minutos más tarde, desperté del sedante. Aunque un poco desubicado, lo peor ya había pasado.

“Los resultados de la endoscopia son perfectos”, decía sorprendido mi principiante. “Debemos hacer un TAC, es la ultima opción”, sugirió derrotado.

Este TAC, es tal vez lo peor que se ha pasado por mi vida, a nadie, pero a nadie le deseo este examen. El preámbulo, tomarse 5 vasos que parecen agua, pero realmente están contaminados con un liquido de contraste. “Tratemos de no vomitarnos” me dijo amablemente la enfermera. Que animo el que me dio. Cada sorbo era peor, el sabor no podía ser más desagradable. Finalmente lo logre.

“Ahora debe firmar este documento” me pidió la encargada. Un poco sorprendido, leí un extenso documento. Básicamente decía que el TAC podía tener 2 posibles reacciones, la primera ninguna, la segunda la muerte instantánea del paciente.

Y claro, firmé mi propia muerte.

“Vamos a poner por intravenosa el liquido de contraste” me advirtieron; mientras yo mirada perplejo el túnel arriba mío. El liquido negro, entro en mi sangre. Solo 2 o 3 segundos después, un calor infernal me consumió la mano, el brazo y lentamente la cabeza. Por la boca, me escurría el líquido del demonio. El vomito subió, como en las clásicas borracheras de los 13 años. “Paren!, gritaba desesperado”. La enfermera llego por mi, y me aviso que todo había terminado “Puede vomitar tranquilo”, dijo.

“Los resultados del TAC son perfectos”, dijo el “medico”.

Después de una ecografía, una endoscopia, un TAC, 24 horas en urgencia, 3 pruebas de sangre, y varias dosis de morfina, llego a mis oídos una frase que nunca olvidare, una frase que cambiara el rumbo de la salud en el mundo.

“Usted debe tener un gas” me dijo silenciosamente al oído.

Por que no mas bien, me lo dice con ganas? Pues si, lo que yo tenía parecía ser un gran pedo que habitaba hace unos años en mi. Un pedo estático, en shock. Llamémoslo, el papa de los pedos.

Tal vez el privilegio mas grande de todos, morfina para un pedo. A esto, ni los grandes magnates del mundo podrían tener acceso.

En fin. Arriba la morfina, afuera los pedos.

1 comentario:

  1. De esos privilegios, con o sin emergencia social, aún podemos disfrutar los q solo tenemos EPS. Q ya es un privilegio.
    No a cualquiera lo dejan 2 horas en una silla de urgencias hasta q viene el "residente" de turno. Arriba los privilegios, adentro la manguerita de la endoscopia.

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