“Sus orejas no funcionan”, fue la frase de bienvenida a la embajada de Estados Unidos. “Perdón?” pregunté exaltado a una señorita que estaba convencida que la habían nombrado cónsul de nuestro aliado país. Durante mas de dos semanas entregué mi vida a los Estados Unidos, por primera vez, renuncie a la publicidad, para dedicarme a recolectar los papeles que según los gringos, me acreditan como merecedor del sello de entrada al mundo de las hamburguesas.
El primer paso, comprar un PIN que automáticamente recarga minutos para poderse comunicar vía telefónica con la embajada. Un gringo que parece estar atragantado con un trapo mojado, negro y sucio, es el que contesta la llamada, que por cierto, es más caro que llamar a Korea. Mi débil estomago se puso nervioso, como si estuviera escondiendo algo, como si de un momento a otro me hubiera convertido en un traficante de heroína o un miembro honorable de Al Qaeda o peor aún un asesino de ancianas. Después de unos 12 minutos de preguntas y respuestas, finalmente, me asignaron una puta. Perdón, una cita.
Con la cita lista, y todos los papeles que demostraban que yo era yo, que mi mama era mi mama, que mi papa realmente era mi papa y que mi poca plata era mi poca plata, me fui para la embajada.
En un taxi del cual no debo, por seguridad de la nación, revelar las placas, llegué hacia las 6 de la mañana a la primera de las dos citas necesarias para que me pusieran el sello.
Dentro de un sobre amarillo quemado, esperaban ansiosamente por ser presentados mi formulario mal diligenciado, las fotos mal tomadas y los fondos insuficientes.
Inmediatamente me dirigieron a una fila afuera de la embajada; donde unos 40 cristianos lentamente morían congelados. Me tranquilizó que todos tenían el mismo sobre amarillo quemado que yo, pero claro está que la puta tranquilidad desapareció cuando abrí el sobre para ser revisado. “Papeles” me dijo la cónsul recién nombrada, como un policía que agarra a un adolescente borracho, armado, histérico y empeloto.
Lo primero que pasó a las manos del cónsul de la fila, fue mi formulario mal diligenciado. De manera salvaje, con un resaltador verde fosforescente, me tachó sin compasión uno a uno cada renglón.
Pero lo peor estaba apunto de llegar. Lentamente la supervisora bajo los ojos hacia mi foto, que venia mal pegada en la esquina inferior del formulario.
“Sus orejas no funcionan” me dijo mirándome a los ojos, “Perdón?” le respondí. “Sus orejas son extremadamente planas” me aclaró señalándome. “Pondré un interrogante en su foto, cuando llegue al final de la fila, lo pueden devolver, usted verá” me retó.
Mi mente se puso en blanco, ahora todo parecía ser más complicado, pensé en las orejas de mi papa, las de mi mamá y las de mi abuelo que esta muerto hace unos 40 años. Trataba de entender de dónde me habían salido las orejas podridas, nadie, pero nadie en la fila tenía mis mismas orejas, todas tenían volumen, curva, dinamismo. Al no entender la procedencia de mis orejas tomé una sabia decisión.
“Me puede cuidar el puesto? Tengo un problema con mis orejas” le dije acelerado a mi vecino en la fila. Es entendible que me haya mirado de la manera que lo hizo.
Corrí entonces hasta un lugar de fotos cercano a la embajada, corrí desesperadamente, como un desempleado que va tarde a su entrevista de trabajo.
Cuando entre a Foto Visas, grité tratando de no gritar, “Necesito que mis orejas se vean!”. Un empleado con alta trayectoria en malformaciones físicas me atendió. “No se preocupe mi hermano, yo le ayudo”. Debo aceptar que me dio un aire de tranquilidad.
“Primero que todo, su camisa no sirve; póngase el vestido que esta en el gancho” dijo el fotógrafo. “Mierda” pensé, mientras mi cabeza giraba hacia el gancho, “Puta Mierda” susurré cuando vi lo que había colgado en el gancho. Un blazer de la época de Granahorrar reposaba sobre una camisa de manga corta de color azul de mierda profundo. Como toda la ropa que se encuentra en este país, tanto el saco como la camisa eran talla XXL. Las mangas del blazer, como un mar, ocultaban mis huesos marcados; mientras los hombros del saco, acariciaban mis codos.
Que mas podía hacer, me metí en la cabina de la foto y me puse el vestido. Al sentir húmedas las axilas, respire hondo, después volví a respirar.
De un momento a otro un grito animal captó mi atención “Dónde esta el gel de las orejas!!”. Unos 10 segundos después llego a mis ojos un tarro de la pócima de los ejecutivos promedio, el gel.
Sin pensarlo dos veces el fotógrafo metió su mano dentro del tarro, como quien mete la mano en un puré de papa. Su mano se llenó totalmente, y sin dar espera me pego la cachetada más pegajosa que he recibido en mi vida.
Quedé sordo. Fue extraño, pero quedé parcialmente sordo. El gel no dejaba que el sonido entrara en mí. Tres o cuatro segundos más tarde recibí el segundo cachetadón del fotógrafo. Y ahí si, la sordera me consumió por completo.
Seguido a esto, entré en la etapa del esparcimiento; con sus manos poco a poco me aplanó todo el pelo.
Debo admitir que el resultado fue patético, me senté en la cabina para la foto y encontré un espejo justo al frente mío. Las orejas me brillaban, parecían las orejas de un feto.
Finalmente el fotógrafo disparó, la foto fue tomada, y claramente refleja un ser humano en proceso de evolución, un ser humano lejos de ser humano, un ser humano al cual cualquier gobierno negaría la entrada a su país.
“Esta mierda me la van a negar” pensaba mientras corría de vuelta a la embajada.
“Aunque no son muy claras, ahora se le ven las orejas” me dijo la supervisora con cierta sonrisa de burla. “Parecen de un puto feto” pensaba yo mientras la miraba.
Mi visa fue aprobada, seguramente mis orejas deslumbraron al entrevistador, seguramente las orejas que brillan, son las orejas que les gustan a los gringos.
A todos los que pidan esta visa les aconsejo de corazón que revisen muy bien sus orejas antes de encaminarse en este infierno, no va a ser que por obviar este paso, pierdan la oportunidad de conocer al orejón insignia del capitalismo; nuestro amigo Mickey Mouse.
excelente recomendaciòn cuando tenga que pedir la visa!!! seguramente ese es el truco que han usado muchos narcotraficantes para entrar "al paìs de las hambuerguesas" porque a muchos de ellos sì les han dado la visa y a otros colombianos "honrados" se las han negado por que son "peligrosos para su pais"
ResponderEliminarjajajaj, yo s veía algo rao cuando lo miraba de frente. Lo bueno, es que ya entedí.
ResponderEliminarNo entiendo por que seguimos teniendo miedo, para muchos la inversión de sacar la Visa y que de por si ya es muy costosa hacen que los nervios se agranden y la platica por lo menos no sea perdida.
ResponderEliminarAhora después de todo este sufrimiento es rezar y esperar que la Visa llegue con los 5 años de vigencia y esperar que puedas viajar seguido para la proxima vez no correr el riesgo que la quiten!
Me encantan todos los artículos! Siga escribiendo asi!
ResponderEliminarCarvajal que buen cuento!
ResponderEliminarMe gusta lo q escribe, asi que porfa siga en esto!
Cupido se acerca
ResponderEliminarMis orejas son parecidas a las del Sr Spock, pero gracias a Dios no son planas.
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